sábado, 23 de abril de 2011

TESOROS DEL VATICANO

MONSEñOR  HUGH O´FLAHERTY
Msgr. Hugh O'Flaherty  (28 de febrero de 189830 de octubre de 1963) fue un sacerdote católico  irlandés que salvó cerca de 4000 soldados aliados y a civiles judíos en la Ciudad del Vaticano durante la Segunda Guerra Mundial. Se ganó el apodo de "Pimpinela del Vaticano" (Por la Pimpinela Escarlata).
Hugh O'Flaherty nació en Cahersiveen, County Kerry, Irlanda y estudió teología en el seminario de Killarney. Fue enviado a Roma para terminar sus estudios en 1922 y ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1925. Permaneció desde entonces hasta iniciada la guerra trabajando para el Santo Oficio, la Inquisición actual…
O'Flaherty había trabajado como diplomático del Vaticano en Egipto, Haití, Santo Domingo y Checoslovaquia. En 1934,  recibió el título de Monseñor. Además de sus deberes como sacerdote era un jugador amateur de golf, ganador de campeonatos en esa categoría.

Hugh O´Flaherty se había  iniciado tempranamente como un joven nacionalista. Siendo estudiante en Limerick, le tocó presenciar las atrocidades que llevaron a cabo soldados británicos por las que varios de sus amigos resultaron asesinados. Cuando la guerra comenzó en 1939, tuvo especial cuidado en no tomar partido. Le dijo a un colega: "Yo no creo que haya mucho que elegir entre Gran Bretaña y Alemania".

Sin embargo, sus puntos de vista fueron cambiando al enterarse de la violencia infringida a los judíos. Comenzó a visitar a los prisioneros aliados que se encontraban en las cárceles italianas en condiciones muy duras. En 1943 ofreció refugio a los soldados aliados que llegaban al Vaticano pidiendo protección. En cuestión de meses, había creado una organización que, al concluir el conflicto bélico, supuso la salvación para cerca de 4000 fugitivos aliados y civiles judíos.

Era una operación arriesgada debido a la ocupación alemana de Roma, y el cura O´Flaherty atrajo pronto la atención de Herbert Kappler, el SS Obersturmbannführer (teniente coronel), encargado de dirigir allí la Gestapo.
O'Flaherty contó con la ayuda de otros sacerdotes; de dos agentes que trabajaban para Francia libre e incluso de comunistas y un contador suizo. Uno de sus colaboradores  fue el coronel británico Sam Derry. También mantuvo contacto con Sir D'Arcy Osborne, embajador británico en el Vaticano. Delia Murphy, esposa del embajador y en sus tiempos una conocida cantante de baladas, fue otra de las personas que ayudaron a O'Flaherty. Monseñor y sus aliados lograron esconder a los soldados aliados y civiles judíos en apartamentos, granjas y conventos del Vaticano,  Roma y alrededores. Curiosamente uno de los escondites era un local contiguo a la Central de las SS en Roma.
Monseñor O’Flaherty  aprovechó la protección del Vaticano y su inmunidad como Estado neutral, que el nazismo no se atrevió a violentar , y coordinó el accionar de todo el aparato de defensa de judíos y prisioneros huídos.  Fue por ello que se convirtió en el principal objetivo de captura de Herbert Kappler. Otro dato curioso en esta cruzada heroica fue que Monseñor debió recurrir al disfraz en varias oportunidades para conseguir burlar a sus perseguidores fuera de los límites del Vaticano. Utilizó ropas de monja, de carbonero, de empleado de correos e incluso de las SS.
  Kappler había establecido en la juridsdicción a su cargo un régimen despiadado y los dos hombres se convirtieron en adversarios de creciente rivalidad en el transcurso de la ocupación nazi en Roma. Llegó a ofrecer por la cabeza de O´Flaherty una recompensa de 30.000 liras. Ambos se habían visto en reuniones sociales que se celebraban en la Roma ocupada y a las que O’Flaherty asistía para coordinar su estrategia como guardián de los refugiados y los judíos. Kappler hizo que los judíos de Roma le pagaran con 50 kilos de oro por su propio rescate con la promesa de que así “no serían molestados”. O’Flaherty estuvo a cargo de la colecta entre sus feligreses y conocidos y la propia comunidad judía. En una ocasión Kappler dijo a sus hombres: "No quiero verlo vivo de nuevo".

    El sacerdote se movía libremente en el interior del Vaticano, limitado visiblemente por una línea blanca que los nazis habían pintado en el empedrado de la Plaza San Pedro en el inicio de la ocupación. A salvo en el territorio de la Iglesia, monseñor recibía a los refugiados que lograban ingresar eludiendo a los guardias alemanes. Pero en muchas ocasiones debió arriesgarse fuera de los límites del mismo a merced de la persistente persecución de Kappler, que le había identificado como cabecilla del movimiento de rescate de refugiados y había puesto precio a su captura.

O´Flaherty logró esquivar con audacia todas las incursiones de los soldados alemanes, utilizando documentos falsos y los canales de comunicaciones secretas. Así evitó su captura durante el período de la ocupación alemana.

Kappler fue un ambicioso de alto vuelo y muy bien considerado por Adolf Hitler. A lo largo de la ocupación nazi, sin embargo, los mensajes que envió desde Roma a Alemania fueron interceptados por los aliados. Estos mensajes cifrados han sido desclasificados y se encuentran ahora disponibles en los Archivos Nacionales en Washington. Los documentos revelan cómo Kappler quería deportar a los judíos, cómo ayudó a rescatar a Benito Mussolini y lo que pensaba de la Iglesia Católica y del Vaticano. Gracias a esta decodificación, somos capaces de construir la imagen más completa hasta la fecha de la conducta de Kappler.

Es con los acontecimientos de marzo de 1944, sin embargo, que el jefe de la Gestapo quedará asociado para siempre.

Después de que la resistencia italiana (los partisanos) matara a 33 soldados alemanes en un atentado con bomba, Hitler se enfureció y le exigió a Kappler un ataque de venganza que "hiciera temblar al mundo". Kappler y sus hombres mataron a 335 personas en las Fosas Ardeatinas, un laberinto de túneles de la ciudad. Fue una de las peores atrocidades cometidas en suelo italiano durante la Segunda Guerra Mundial.

Amigo de su enemigo

Una vez terminada la guerra, Kappler fue condenado a cadena perpetua sin libertad condicional por este atroz delito. Desde su celda, el preso más famoso de Italia, escribió una carta a su viejo rival y así fue como invitó a O´Flaherty a visitarlo. En cuestión de días, el sacerdote llegó a conocer y hablar con su antiguo adversario, el hombre que había llegado a ofrecer una recompensa a quien lo capturara. Sus reuniones se hicieron frecuentes y cotidianas y, según los amigos de O´Flaherty, llegaron a discutir de religión y literatura. La cantante clásica, Verónica Dunne, que conoció a monseñor, recuerda sobre estas reuniones:

"Le tomó gran simpatía a Kappler. En broma decía: "Aquí estoy, con este hombre que puso un precio de treinta mil liras por mi cabeza, y ahora somos como una especie de amigos."

Parece que el sentimiento era mutuo, porque Kappler describió al cura O´Flaherty como "un amigo paternal" .En esta etapa Kappler, que había sido criado  protestante, estaba pensando en convertirse al catolicismo gracias al empeño evangelizador de su antiguo enemigo.

Un sobrino de Monseñor, el ex juez del Tribunal Supremo de Irlanda, que también se llama Hugh O´Flaherty, dice que su tío instó a Kappler a retrasar su conversión hasta que se celebrara el juicio en su contra. "Mi tío le aconsejó esto pues pensó que sería interpretado como si estuviera tratando de ganarse el favor del Tribunal", dice.

Kappler esperó hasta que fue condenado y luego pidió a Monseñor a visitarlo. Los dos hombres oraron juntos y finalmente monseñor Hugh O´Flaherty engendró un nuevo hijo para la Iglesia Católica, su perseguidor y archi-enemigo Kappler.

En cuestión de minutos, el nazi más famoso de Italia fue recibido en el seno de la Iglesia por el mismo hombre que había tratado de matar. De acuerdo a las cartas de la cárcel descubiertas por el periodista Maurizio Pierangelo, parece ser que la conversión de Kappler tuvo lugar alrededor de 1949, pero la historia no se hizo pública hasta 1959.

Obviamente, el modesto y retraído Monseñor restó importancia al evento. Le dijo a un periodista inquisitivo: "Eso no es noticia, eso es algo que ocurrió hace mucho tiempo".

Tras la guerra O'Flaherty recibió varios premios, incluyendo el
C.B.E. (Commander, Orden del Imnperio británico) y la "Medalla Presidencial por la Libertad" de Estados Unidos (U.S. Medal of Freedom) con la Palma Plateada (Silver Palm). Rehusó ocupar la pensión vitalicia que Italia le entregó. En 1960 sufrió un ataque durante una misa y se vio forzado a retornar a Irlanda. Se mudó a Cahersiveen para vivir con su hermana.
Monseñor “ Escarlata” Hugh O'Flaherty murió el 20 de octubre de 1963. Está sepultado en el cementerio "Daniel O'Connell Memorial Church" en Cahersiveen., de su Irlanda natal.

Esta  historia de heroísmo, amor y amistad fue dramatizada en la película de 1983 “The Scarlet and the Black”, protagonizada por  Gregory Peck en el rol de O’Flaherty.
La tumba de Monseñor, en Irlanda.

martes, 12 de abril de 2011

¿TU CREES QUE PIENSAS POR TI MISMO?




Tal vez ...o quizás como Gramsci soñó….
En numerosas ocasiones me ha llamado la atención sobre la dependencia total del  “progresismo” respecto de las ideas de Antonio Gramsci.(Cerdeña.1891, Roma, 1937)posiblemente, el pensador que más ha influido en el mundo del siglo XX… desde  los años 20.

 Inmersos en un mundo “progresista” es indispensable conocer sus raíces para entender al mundo actual. Intentaré resumirlos y comentarlos en el breve espacio de esta nota. Los comentarios van entre paréntesis.
En el desarrollo del progresismo actual se puede afirmar que más importantes que las ideas de Marx o Lenin son las Gramsci, el hombre que más ha influido en la increencia de nuestra sociedad.
 Siendo aún muy joven, a los 35 años, fue apresado y encarcelado por sus ideas revolucionarias y condenado a veinte años de cárcel. En la cárcel pidió que le dieran cuadernos y lápices y ahí fue donde escribió sus ideas estratégicas… en forma de artículos cortos, reflexiones breves, comentarios sueltos, inconexos entre sí y que trataban de los temas más variados. A los cuatro años de estar encarcelado, cumpliendo escasamente la quinta parte de su condena, enfermó de tuberculosis y fue trasladado a una clínica, en donde murió en 1937, en calidad de detenido. En esos años, llenó cincuenta cuadernos… con artículos y cartas… que posteriormente, sus seguidores, compilaron en dos obras que se llaman respectivamente Los cuadernos de la cárcel y Las cartas desde la cárcel”.


don antonio gramsci, vicario del "padre de la mentira" y "príncipe de este mundo"




”Para lograr los objetivos comunistas en los ricos países occidentales, habría que acabar primero con las creencias, costumbres y tradiciones del pueblo. Por supuesto, para esto, sus dos obstáculos más importantes, los enemigos a vencer y destruir antes que nada, eran la Iglesia católica y la familia cristiana, pues de estas dos realidades se desprendía “eso” que le estorbaba a su plan. La estrategia que propone Gramsci es inversa a la de Lenin. Lenin se adueñó del poder, después de la superestructura (educación, economía, política, etcétera) y de ahí adoctrinó en el pensamiento materialista la mente de un pueblo débil.



Gramsci propone un camino mucho más largo, pero que considera necesario para que el comunismo llegue a tener éxito en esos lugares “infestados del virus de la religión y las tradiciones”. Propone adueñarse primero de la mente del pueblo, utilizando la capilaridad y la superestructura y una vez realizado esto, tomar el gobierno, cuando ya el pueblo esté preparado. Su receta es: “hay que primero adueñarnos del mundo de las ideas para que las nuestras, lleguen a ser las ideas del mundo”
                   Primer paso: acabar con las creencias, tradiciones y costumbres que hablen de la trascendencia del hombre.
                   Táctica I: Sembrar la duda. Ridiculizar todas las creencias y tradiciones, siguiendo el estilo de Voltaire, con mensajes cortos y accesibles y por todos los medios, haciéndolas aparecer como algo tonto, ridículo, pasado de moda. De este modo, haremos dudar a los creyentes de sus convicciones más íntimas o, por lo menos, los haremos sentirse avergonzados de ellas. (Benedicto XVI ya ha definido para nuestro siglo un nuevo martirio: la burla. Si miras un poco a tu alrededor te darás cuenta que hay un grupo de seres humanos a los que se puede insultar y difamar pública y gratuitamente y quedar como un “bienpensante”: la Iglesia católica; y el único prejuicio aceptado socialmente y en los medios de comunicación es ese: criticar a los católicos. Las leyendas negras en torno a la Iglesia son aceptadas dogmáticamente por –casi- todos. Nadie osa poner en duda nada de lo que se dice, por ejemplo, acerca de la Inquisición o de las Cruzadas. Todos creen saberlo todo al respecto. Pero nadie o muy pocos se han molestado en estudiar y en informarse con seriedad al respecto)
                   Táctica II: Sobre la duda, sembrar nuevas ideas. No hablar de materialismo, pues los creyentes conocen el término y se pondrán en guardia, además de que la materia tiene un gran valor para el cristiano (cuerpo, sacramentos, etc). Hay que hablar de inmanencia, lo opuesto a la trascendencia y hacerle saber al mundo que eso, el hombre inmanente, el que “piensa” y vive sólo para el aquí y para el ahora, es lo moderno, lo actual. (“Imagine”, John Lennon)
                   Táctica III: Silenciar, a través de la calumnia, la crítica abierta, la burla, la ridiculización y el desprecio social a todo el que se atreva a defender las ideas de un más allá o de una vida trascendente. (En este primer paso están triunfando en toda la línea)
                   Segundo paso: Crear una nueva cultura en donde la trascendencia no halle lugar alguno. (Todos los símbolos religiosos deben desaparecer: crucifijos, hábitos de monjas y religiosos, escapularios,…)
                   Táctica I: Infiltrarnos en la super-estructura. Meternos en la Iglesia y en las instituciones educativas para reforzar desde ahí las ideas de lo que es moderno y actual y de lo que está pasado de moda y es ridículo (Dios y la Iglesia). Erradicar de los programas educativos todo lo que hable de tradiciones familiares y de una vida eterna. (La asignatura de religión…e implantar en su lugar La “Educación para la Ciudadanía”, Zapatero y cía)
                   Táctica II. Conseguir, por cualquier medio (incluidos el soborno y el chantaje) a personajes disidentes que sean famosos dentro de la super-estructura, para que sean ellos mismos los que ridiculicen sus propias Instituciones y difundan así nuestras ideas. 



teologos de la "liberación"


orientalistas y "new agers"


El mundo católico ya no sabrá qué creer, si logramos que algunos curas y obispos famosos difundan nuestras ideas desde dentro de la Iglesia y en las escuelas. Del mismo modo, no importa cuál sea, habrá que conseguir artistas, pensadores, periodistas y escritores que ridiculicen la fe, las tradiciones y a todo aquél que se atreva a defenderlas. (Se han apoderado de casi todos los medios de difusión de masas: TV, radio, prensa,…)

la religión de la ONU: el relativismo




                   Tercer paso: Adueñarnos, ahora sí, de la sociedad política, que influirá coercitivamente, a través de las leyes y normas, sobre esa sociedad civil que ya piensa como nosotros o ya no sabe ni qué piensa o, por lo menos, le da miedo decir lo que piensa. (Se consigue a través de los partidos de izquierda, Independentistas,...y buena parte de los que viven del  poder)
                   Cuarto paso: Tomar el gobierno y cerrar el plan. (Se ganan las elecciones como sea y al precio que sea) Lograremos así la dictadura del pueblo, pues el pueblo (sin más medios de información que los de los progres) pensará como nosotros y apoyará todas nuestras iniciativas como si fueran propias (No nos dice ¿por qué los obreros se escapan del paraíso comunista, incluso con peligro de sus vidas  para huir o emigrar  a los capitalistas?).
Esta es, a grandes rasgos, la estrategia de Gramsci.
Nuestros modernos “progresistas”, que no han aportado ni una sola idea al socialismo, se limitan a recibir órdenes superiores y hacer lo único que siempre han hecho: atacar  a la Iglesia, a la familia, a la enseñanza, y a degradar la sociedad para levantar sobre sus escombros… nada. 



Hasta hoy todos los proyectos marxistas han fracasado estrepitosamente en occidente. Su lucha de “clases” nunca llegó más allá de la cafetería universitaria y algún tumulto de gases lacrimógenos…hasta que le ofrecieron un trocito del pastel exclusivo del poder en algún municipio y le cerraron para siempre la boca protestona. Sus promesas de cambiar el mundo chocaban con la realidad de una clase obrera tirando a perezosa que muy pocas energías tenía de levantarse en armas si era demasiado temprano, o si el día estaba bueno para salir con la familia.
Cuando la clase obrera dejó de creer en ellos (¡hasta que se dieron cuenta, por fin!) enfocaron su objetivo en las otras minorías supuestamente “oprimidas” pero reconocidamente anticristianas: la militancia maricona y sus derivados: transexuales, pedófilos, tratantes de blancas, comerciantes de haschis, y otras malas hierbas.
Cuando vuelvan a fracasar con estos ingenuos colectivos seguramente llegarán hasta el fondo del contenedor: secuestradores, terroristas, violadores, dictadores, expresidentes en el exilio…Solo les une a ellos el odio que nos tienen. Pasa igual con el Islam: intolerante, machista y reconocido ajusticiador de homosexuales: para ellos son amigos…porque nos odian.
Su filosofía, quitado todo disfraz y decorado sería: “maten al Mensajero, que solo me trae malas noticias…las que no quiero escuchar”
Sus mejores herramientas han sido y son la mentira y la demagogia, cambiando el significado de las palabras, ocultando lo que no les interesa o no les conviene, repitiéndolas infinitas veces…
Sus irrisorios conceptos sobre la igualdad,  la fraternidad, el matrimonio, el sexo, el aborto, la eutanasia, la perversión elevada a categoría de “opción igualmente respetable”…repetidas mil veces, envueltas en piel de cordero (“tolerancia”), están calando en toda la sociedad europea y americana con la ayuda y presiones de la Unesco, la ONU, la OMS y grandes multinacionales (ellos solo quieren vender, y les da igual venderle a un seguidor de georgie bush reaccionario burguerkinero que al de un obama gaylófilo besa-mc donalds). ¿Has visto alguna vez una publicidad contrariar al Inconsciente Colectivo?
Estas ideas son ideas de los años 20 y 30  del siglo pasado. Ideas añejas, CUYO CLARÍSIMO OBJETIVO, A MEDIAS YA ALCANZADO es sacar a Dios de la vida del hombre, para poder manipularlo a su antojo. Ya sabemos: cuando Dios desaparece de una sociedad empiezan a erigirse los falsos dioses: los ídolos como el fascismo, el comunismo, los totalitarismos, la “democracia”…y la muerte y la miseria les acompañan-
Quitemos de su sitial a Dios y erijamos en su lugar al Hombre, nuestro nuevo dios. El hombre es nuestra meta. El hombre, nuestra medida, el Hombre, nuestro ídolo. Idealicemos al hombre y si tiene algo de barro en él…disimulemos. Así han aparecido las grandes elegías al genio, (“Amadeus”) al espíritu humano (“Forrest Gump”), el Hombre por el Hombre (“Hair”, “Cookoo’s nest”)de logros (“A Wonderful mind”), de triunfos, de ecologías como una religión verdadera (“Avatar”)…y  bla bla bla y Hollywood sigue autofelicitándose por la ideología que ha conseguido inyectar en la Nueva Sociedad “libre y moderna” (¿Cuál es el abc de la propaganda?: “miente, miente…que algo queda”)
el nuevo dios: la medida y la meta de todas las cosas


¡Han conseguido que el 98 % de la población piense como ellos! Bravo!
Si triunfan serán los nuevos dioses  e impondrán sus dogmas de la Nueva Moral –tú pon la palabra mágica “nuevo” al principio, en el medio o al final y ya lo has conseguido…l- y lo que verdaderamente habremos conseguido es cambiar la cultura del amor por la del odio, la de la vida por la de la muerte. La de Dios por el hombre, el finito, flaco, fraudulento y embarrado hombre.-
Del Cielo… por este mundo sin esperanza, sin futuro, sin metas, sin Verdad: sin Amor… es decir, sin Dios.
El “cielo” de John Lennon, así, con minúsculas…muy minúsculas.

“Maldito quien pone su confianza en el hombre,
Y se apoya en un brazo de carne,
Mientras su corazón se aleja de Yahvé.”
Jeremías 17, 5
gonzalo agustín roldán

¿ADONDEVAMOSAPARAR?



Muchas cosas pierde el hombre
Que a veces las vuelve a hallar-
Pero les debo enseñar
Y es bueno que lo recuerden-
Si la vergüenza se pierde
Jamás se vuelve a encontrar.
JOSÉ HERNANDEZ, "MARTÍN FIERRO"





La noticia es vieja, pero las cifras permanecen tal cual.

En España hay alrededor de 11.000 homosexuales. Junto a ellos sobrevive (temerosa) una insignificante población no-homosexual de 44.000.000 ¿Para cuando la marcha del orgullo heterosexual?
                          No obstante las cifras mencionadas, Zapatero, el paladín de las minorías, apuntó con su pulgar hacia abajo a las multitudes vociferantes que reclamaban No al matrimonio gay (y el consecuente e inmediato derecho a la adopción de niños no-gays, -todavía no lo son, pobrecillos-). El número de manifestantes en la Puerta del Sol (y hasta la Plaza Cibeles) en Madrid era 10 veces mayor que el de todos los maricones de España juntos.(incluyendo a transexuales, pedófilos, zoofilos, incestivoros, tragasables y otras alimañas)



¿Democracia?


 Al domingo siguiente, se realizó la clásica marchita del orgullo marica. Como siempre los dardos más envenenados apuntaban a la Iglesia Católica (aunque TODAS las iglesias, sinagogas y mezquitas condenan la homosexualidad abiertamente, incluso algunos más radicales lapidan a los mariposones)

¿Tolerancia?

                        ¿Por qué el gobierno atiende a los reclamos del 0,25 % de la población con tanta velocidad? Tal vez sea porque ellos son los que controlan el 90 % de las radios y canales de TV de España........
              Como dijo muy bien una candidata en esta última campaña, imitando a Bart Simpson:


¡Zapatero, multiplícate por cero!


 Una última pregunta:
 La Argentina de Martín Fierro...¿va para el mismo lado?


                         A pesar de lo mal que se pueda interpretar esta pequeña manifestación que quiere ir contracorriente del trillón de manifestaciones que me quieren cortar el paso, amo a los hermanos comilones de todo el mundo, tal y  como me lo enseñó el Maestro: ama al pecador y odia el pecado. Amén
gonzalo (minoría aplastante)



viernes, 1 de abril de 2011

UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA …Y ESCANDALOSA


“Bienaventurado quien no se escandalice de mí.” (Mateo, 11, 6.)


Amigos:
           
Cualquiera puede encontrarse en la mano alguna vez, con una moneda falsa; pero no he oído decir que nadie haya deducido de ese hecho que el dinero carezca de valor. Los astrónomos han podido ver manchas en el sol, y no por eso hay quien niegue que el sol alumbre a la tierra. En cambio he oído decir a muchos que hacen resaltar las debilidades y los pecados de algunos católicos: "Ingenuo, ¿todavía no has espabilado? ¡La Iglesia es verdaderamente obra del demonio.”           Este punto de vista extremado tiene su origen en un hecho: ¡Hay demasiados escándalos en el mundo católico! Maridos y mujeres cometen recíprocas infidelidades; algunos políticos católicos son más deshonestos que otros sin religión; algunos chicos católicos son ladrones; algunas chicas católicas adoran las divinidades del mundo pagano: a los divos del cine y del deporte; ciertos industriales católicos son egoístas, duros y completamente indiferentes a los problemas sociales y a los derechos de los trabajadores; algunos jefes del socialismo cristiano están más preocupados por mantenerse en sus puestos, año tras año, por medio de huelgas que de cooperar para una justicia social. Y en el Papado hay un Alejandro VI.
¿Y qué viene a demostrarnos todo esto sino que el Señor se desposó con la humanidad tal como ella es, en lugar de la que quisiéramos que fuese? ¡Nunca ha podido pretenderse que Su cuerpo místico, la Iglesia, estuviese libre de escándalos cuando Él fue la primera víctima! Jesucristo sirvió de escándalo para los que sabían que era Dios y vieron que lo crucificaban y que pasaba por una derrota aparente en el momento en que sus enemigos lo desafiaban a que probase su divinidad descendiendo de la cruz. Por eso no debe asombrar que dijese a sus seguidores que no se escandalizasen de Él.
Si la naturaleza humana de Jesucristo pudo soportar una derrota semejante, física, hasta el punto de servir de escándalo, ¿por qué hemos de pensar que Su cuerpo místico vaya a estar inmune de escándalos cuando lo formamos nosotros, pobrecitos mortales? Jesús permitió padecer hambre y sed y que la misma muerte se cebara en su cuerpo físico, ¿cómo, pues, no iba a consentir que debilidades místicas y morales, como son la pérdida de la fe, el pecado, las herejías, los cismas y los sacrilegios, pudiesen atacar a Su cuerpo místico? El que sucedan todas estas cosas no prueba en manera alguna que no sea íntimamente divina la naturaleza de la Iglesia, como tampoco negó la crucifixión que Jesucristo fuese Dios. Si nuestras manos están sucias, no por eso puede decirse que lo esté todo nuestro cuerpo. Los escándalos que se adviertan en el cuerpo místico no pueden destruir Su cantidad “sustancial” más de lo que destruyera la crucifixión la integridad del cuerpo físico de Cristo. La profecía del Antiguo Testamento referente al Calvario decía que ni uno solo de sus huesos sería quebrantado. Su carne sería colgada casi como un trapo de púrpura; las heridas, como mudos y dolorosos agujeros, pregonarían su sufrimiento con la sangre; las manos y los pies, traspasados, dejarían salir torrentes de vida y de redención; pero Su “sustancia”, Sus huesos, permanecerían intactos. Así sucede con la Iglesia. Ni uno solo de sus huesos será quebrantado; la sustancia de su doctrina será siempre pura, a pesar de la debilidad y fragilidad de alguno de sus doctores; la sustancia de Su disciplina será siempre justa, a pesar de la rebeldía de alguno de sus discípulos; la sustancia de Su fe será siempre divina, a pesar de la carnalidad de algunos de sus fieles. Sus heridas no serán nunca mortales porque Su alma es santa e inmortal por la inmortalidad del amor divino que descendió sobre Su cuerpo el día de Pentecostés en forma de lenguas de fuego.
Y ahora, para hablar de uno de los mayores escándalos, permítanme que pregunte: “¿Cómo pudo ser Vicario infalible de Cristo y cabeza de su Iglesia un hombre perverso como Alejandro VI?” La respuesta está en el Evangelio. El Señor cambió el nombre de Simón por el de Pedro, y lo hizo piedra sobra la cual construiría lo que llamó Su Iglesia. Hizo entonces una distinción que bien pocos habrán notado: el Señor distinguió entre “infalibilidad” o inmunidad de error e “impecabilidad” o inmunidad de pecado. La infalibilidad es la imposibilidad de “enseñar” el mal; la impecabilidad, la de “hacer” el mal. El Señor hizo a Pedro infalible, pero no impecable.
Inmediatamente después de haber confirmado que Pedro poseería las llaves del cielo y autoridad para atar y desatar, el Señor dijo a los Apóstoles que “debía ir a Jerusalén” “y ser muerto” (Mateo, 16, 21). El pobre y débil Pedro, tan humano y orgulloso por la autoridad que se le había conferido, se acercó entonces al Señor y empezó a reprocharle: “No será eso verdad, Señor; eso no sucederá nunca”. (Mateo, 16, 22). Y al punto repuso Jesús: “Vete lejos de mí, Satanás; tú me sirves de escándalo porque tú no tienes el sentir de las cosas de Dios, sino de las cosas de los hombres”. (Mateo, 16, 23).
Poco antes, Pedro había sido llamado “roca”, e inmediatamente después, Satanás. El Señor había querido decirle: “Como piedra sobre la que edifico Mi Iglesia, todo lo que digas, con la ayuda de Dios estará preservado de error; pero como Simón, hijo de Juan, como hombre, eres tan frágil por la carne y tan pronto para el pecado, que puedes resultar semejante a Satanás. En tu ministerio, eres infalible; pero como hombre, Simón eres pecador. Pedro, el poder que ostentas es hechura Mía; Simón, tu debilidad para pecar es hechura tuya.”
 ¿Es muy difícil captar esta distinción entre el hombre y su función? Si un policía, mientras dirige el tránsito, levanta la mano en señal de detenerse, ustedes se detienen, aunque sepan que ese policía le pega a su mujer en su casa.¿Por qué? Porque se hace distinción entre su función como representante de la Ley y su persona particular. Estoy seguro de que el Señor permitió la caída de Pedro, poco después de haberle concedido el don del Poder supremo, para recordarle a él y a todos sus sucesores que la infalibilidad sería parte integrante de su cargo; pero que la virtud deberían conquistarla con su esfuerzo personal, ayudados por la gracia de Dios. Sea dulce, o monótona, o persuasiva la voz del Papa, y aunque pronuncie con mal acento y con errores gramaticales, no nos fijamos en su voz, sino en lo que nos dice: “Hablad, Señor, que vuestro siervo escucha”. (1 Sam. 3, 9).
Puede decirse de manera absoluta que quienes conocen minuciosamente todo lo concerniente a los pocos sucesores de Pedro que ha habido malos, lo ignoran casi todo de los muchos buenos. Según ellos, la infamia de un hombre elevado a tan excelso grado, puede oscurecer a millones de santos. ¿Cuántos de quienes se afanaron en hacer averiguaciones sobre los Vicarios de Cristo en el período del Renacimiento profundizaron en el estudio de los otros mil novecientos años? ¿Cuántos de los que tanto han aireado a los pocos Papas indignos han admitido que de los 33 primeros sucesores de San Pedro, 30 fueron mártires y tres enviados al destierro? ¿Cuántos de quienes concentran su atención en el mal ejemplo de unos pocos saben que, de los 261 sucesores de Pedro, 83 fueron canonizados por sus heroicas virtudes y más de cincuenta fueron elegidos a pesar de sus protestas de indignidad? ¿Cuántos pueden parangonarse, por su tacto y saber, con el Santo Padre actual, Pío XII? Todo el que ataque a una legión tan numerosa de mártires y de santos y de estudiosos, debe estar bien convencido de hallarse sin culpa ni pecado para atreverse a lanzar sus diatribas contra los pocos Papas que revelaron el aspecto humano de su elevada representación. Si tales críticos son unos santos y puros, sin mancha de culpa, dejémosles coger sus piedras. El Señor dijo que solamente el que esté libre de pecado puede lanzar la primera piedra. Pero si no están sin pecado, dejen entonces el asunto para que lo juzgue Dios. Y si son gentes sin pecado, pertenecerá a una raza distinta de la de ustedes y de la mía; porque nosotros notamos que nos sube un grito desde el fondo del corazón: “Señor, ten piedad de mí, que soy pecador”.
Volviendo al escándalo de los malos católicos, recordamos que el Señor no se esperaba que todos los miembros de la Iglesia fuesen perfectos, más de lo que fueren sus Apóstoles. Por eso dijo que en el día último, tiraría el pez averiado de Su red. Algunos católicos pueden extraviarse, sin que la Iglesia quede afectada por ello, como unos pocos americanos vendidos a Rusia no consiguen hacer pasar por traidores a todos los americanos. Nuestra fe acrecienta el sentido de responsabilidad, pero no nos fuerza a obedecer; aumenta el reproche, pero no impide el pecado. Si algunos católicos son malos, no lo son por ser miembros de la Iglesia, sino porque, al contrario, no saben vivir conforme a Su luz y en Su gracia.
Es interesante la psicología de los que se escandalizan por la conducta de los católicos indignos. En resumidas cuentas, ello significa que se esperaban algo mejor; si son malos los que se regocijan con el escándalo, es porque se creen que con eso tienen ellos mayor derecho a pecar. No se oye nunca decir: “Es un federalista perverso”, o bien: “Es un humanista escandaloso”, o “Es un moralista adúltero”, porque nadie se espera de ellos algo mejor. El reproche da la medida de la virtud de los reprochados. Nosotros les estamos agradecidos por este su reconocimiento y de su intolerancia para cono nosotros por causa de unas culpas que tan bien saben tolerar en otros. Están convencidos de que no hay esperanza de nueva luz si el sol se oscurece. Ser comunistas es muy fácil intelectualmente y moralmente cómodo; en cambio, es áspero y difícil ser intelectual y moralmente católicos.
Ningún ideal es más arduo de alcanzar. Si alguien falta a los deberes que impone el culto al sol, no tiene alturas muy grandes desde las que arrojarse. Pero si un católico cae, puede ahondarse más que ningún otro, porque cuanto mayor es la altura de la que uno se tira, tanto mayor es la cantidad de cieno que se levanta. “Corruptio optimi, pessima” (La corrupción de lo mejor, es la peor). Ninguna flor huele tan mal como el lirio marchito. Podemos preguntar a quienes cacarean las debilidades de la Iglesia qué punto de perfección debe alcanzar la Iglesia para que ellos consientan en incorporarse a ella y ser células vitales de la misma. ¿Se dan acaso cuenta de que si fuere tan perfecta como ellos quisieran no tendrían cabida en ella? Imaginen por un momento que el cuerpo místico de Cristo no tuviese ninguna debilidad moral; imaginen que nunca hubiese faltado un fraile a sus votos para casarse con una monja y dar comienzo a una nueva religión, como ya sucedió; imaginen que ningún obispo haya sido nunca un hábil administrador, que ningún cura haya sido nunca deplorable, que ningún fraile haya estado nunca gordo, que jamás se hubiese impacientado una monja con un niño y que la santidad fuese automática, como un cuentakilómetros; supongan que nadie haya servido de escándalo para los que están separados de la Iglesia y que ello haya sido justificación para su manera de vivir…, ¿sería ésta la Iglesia en que pensaba el Señor, si dijo que la cizaña sería segada juntamente con el trigo y que algunos hijos del reino serían tirados fuera de sus confines? Si la Iglesia fuese tan perfecta como exigen los que se escandalizan, su santidad nos condenaría a nosotros, que no somos santos. Un ideal demasiado elevado, a veces repele en lugar de atraer. Una Iglesia tan santa, no podría atraernos a unos pobres mortales como nosotros. Podría parecer a las almas que luchan terriblemente puritana, fácil a ponerse tiesa con nuestras debilidades, pronta y dispuesta a evitar hasta el contacto con nuestras manos pecadoras.
Entonces debería desvanecerse toda esperanza para el que está en la iniquidad o en el pecado. ¡No! La Iglesia, compuesta solamente de miembros perfectos, sería un obstáculo para el mejoramiento y en vez de ser nosotros los escandalizados, sería la Iglesia la que se escandalizaría de nosotros, lo que sería mucho peor.
Si la vida del Cuerpo Místico fuese una transfiguración triunfal y luminosa en la cumbre de la montaña alejada de los dolores y de los males de la humanidad, no habría podido ser nunca consoladora de los afligidos y el refugio de los pecadores. La Iglesia ha sido llamada, lo mismo que Su Divino Fundador, a ser redentora para librar a los hombres de la sombra del pecado hasta convertirlos en tabernáculos de gracia y de santidad. No es la Iglesia una idea lejana y abstracta, sino una Madre que, a pesar del polvo que ha tomado a lo largo de su viaje a través de los siglos y a pesar de que algunos de sus hijos le han lastimado el cuerpo y amargado el alma, ha mantenido la alegría en su espíritu por todos los hijos que ha criado, la satisfacción en sus ojos por la fe que ha preservado; la comprensión, en su alma, mediante la cual, consciente de la fragilidad humana, ha podido sacar a la vida a tantos de sus hijos. El Señor escogió para primer Vicario suyo, no a un hombre santo como Juan, sino uno débil, muy asequible al error, como Pedro, para que a través de su propia fragilidad, pudiese comprender, en unión de la Iglesia de la que era cabeza, la debilidad de su grey y pudiera ser el Apóstol de la misericordia, el verdadero Vicario del Salvador y Redentor del mundo, que no vino a salvar al justo, sino al pecador.
El Señor castiga con frecuencia a su Cuerpo Místico, permitiendo de vez en cuando que algunos de sus miembros o de sus células se separen de la Iglesia, aunque castiga con ello todavía más a los que se alejan de ella.
En general, el mundo tiene razón. Nosotros los católicos no somos como verdaderamente debiéramos ser; el mundo es tal como es porque los católicos somos como somos. El Señor dijo: “Si la sal se hace insípida, ¿con qué se le volverá el sabor?” (Mateo, 1, 13). No hemos decepcionado al mundo, sino a Cristo; y faltando a Cristo, faltamos al mundo. Pero rogamos a los que vean nuestras culpas que piensen cuán difícil es ser como el Señor quisiera que fuéramos. ¡Es tan fácil ser un demócrata, o republicano, o internacionalista, y tan difícil ser católico!  No nos juzguen por nuestras faltas, como no juzgarían el arte por los inciertos garabatos de un niño. Fíjense más bien en nuestras obras maestras, los Santos, de los que tenemos en el mundo innumerables legiones. Les hemos dañado con nuestras culpas y les pedimos perdón por ello, pero todavía hemos herido más al Señor y debemos hacer cumplida penitencia. Muchos se han escandalizado de nosotros, muchos que serían mil veces mejores que nosotros si conocieran la infalible verdad que nos guía y si se nutrieran de la misma divina Eucaristía que nos alimenta a nosotros día tras día. Debemos ser mejores. Y en esto reside nuestra sola desgracia de católicos, créanlo. No nos sentimos felices porque no somos santos. ¿Quieren rezar por nosotros? Muchas gracias.  ¡En el amor de Jesús!
 
Mons. Fulton J. Sheen  (radiotransmisión del 29 de enero de 1950)