Mi Querido amigo el Relativo:
tú no sólo has perdido el rumbo, sino que además le has dado con un martillo a la brújula.
¿Cualquier cosa está bien, si al sujeto le parece y/o determina que está bien?
A partir de este postulado ya nadie puede aconsejar, enseñar, conducir, guiar, iluminar…es más, ni siquiera opinar. Bueno, puede opinar pero ¿para qué?
Don Relativo: Te has cargado a toda la docencia y a la filosofía. Y la paternidad y maternidad, de paso.
También a las religiones y al innato e innegable impulso (de donde quiera que venga) que nos mueve a todos a buscar la Verdad.
Con tu ley, que me alegro de no compartir ni en este universo ni en el inventado por Kant, nadie puede decirle a otro lo que está bien ni lo que está mal…y los padres y madres de este mundo ya sobramos, aunque veamos a nuestros hijos hundirse en el próximo abismo (de los tantos que existen)
Tú mismo deberías callarte porque ya me estás importunando con tu deseo de “iluminarme” según eso que crees verdadero. (sea lo que sea)
Y según tú mismo, no existe nada bueno ni nada malo: solo el existe la absoluta “libertad” de elegirlo. Ergo…no pontifiques sobre las bondades de la Santa Tolerancia, en la que puedo elegir no creer (porque tal es mi “derecho”) ya que “tolerancia” es una opción más…ni buena ni mala, según tú.
A riesgo de ser atado con camisa de fuerza en este universo que pretendes crear y soslayando momentáneamente esta ideología tan luminosa te diré que discriminar es malísimo, sobre todo cuando se hace a partir de pre-juicios.
Creo que algo por el estilo sucedió en una guerra que padecieron en este país,que enfrentó a los dogmáticos y a los “libre-pensadores” en la década del 30 y en la que los “liberadores del pueblo oprimido” o enemigos de la discriminación, si nos estamos refiriendo al mismo grupo que defiende “a capa y espada” la homosexualidad como actividad y a los homosexuales como dignos aficionados a la más “natural de la prácticas”, torturaron y asesinaron a un buen número de personas de ambos sexos y muy variada edad por el solo hecho de pertenecer a una institución religiosa: la Iglesia. Todos los asesinados “en nombre de la tolerancia” eran no-combatientes, pero… eran católicos y eso bastó para condenarlos a muerte. ¿Le llamas a eso discriminar o qué otro nombre se te ocurre? ¿Será quizás un ejemplo de tolerancia de los paladines de la tolerancia?
Cuando dices que machacarse los dedos o que atravesar la vida como un mariposón no te parece malo es cuando entramos en el terreno de ese universo en el que “todo es posible…según me convenga”. Tu filosofía podría resumirse en este simple dogma:
“Lo hago yo, luego: está bien.”
O este otro:
“Yo lo creo, luego: es verdad”
Impresionante.
Sin querer o sin darte cuenta te has erigido en dios. A partir de ti se mueve el “universo-No-dogmático”, según tus perfectas disposiciones. Un universo no tan variado como el que habitamos pero seguramente menos complejo…y bastante más inestable. En este universo tuyo las cosas no caerían ni viajarían a una velocidad determinada (las manzanas de los manzanos y la luz, por ejemplo).
Los elementos no obedecerían a leyes inmutables, sincronizadas, perfectas y a lo que parece, con propósito. Se preguntarían: ¿le parecerá bueno esto a Don Relativo? Entonces la luz viajaría a la velocidad que a Relativo le apetezca y según qué día. Porque bien pudiera ser que Don Sin-Dogmas hoy la quisiera más rápida o más lenta que el miércoles pasado….O que Don Yo Legislo quiera tomárselo con calma y decida que las manzanas no se den prisa en caer hasta que él llegue al manzano.
Pero no: Relativo cambia, Relativo parece no ser perfecto. Relativo está sujeto a fuerzas que le superan…luego, Relativo no es tan confiable como “dios”.
Más nos vale elegir otro Dios…con otras leyes.
Parece haber un Ser que existe antes que tú y será mejor que le preguntamos a Él qué es bueno y qué no lo es.
Para pisar exclusivamente en terreno laico, la Naturaleza (por ponerle un nombre que no ofenda a los Relativos), con sus leyes complicadísimas e inmutables, nos alecciona acerca de lo bueno o malo, de la bondad de las cosas o su maldad, si decides no creer a los mensajeros de Dios.
Hay cosas para las que no hace falta ser filósofo: el último aprendiz de mecánico sabe para qué sirven y fueron inventadas la tuerca y el tornillo. El pene y la vagina “parecen” encajar a la perfección y con un propósito además. Si te quitas el aserrín de la azotea a lo mejor hasta descubres que existe una íntima relación entre funcionalidad y finalidad. “Parece” que los seres humanos (y un inmenso número de animales) se reproducen así. Y también “parece” que la Naturaleza tiene dispuesto que aquello que sirve a sus fines (la reproducción, la continuidad de las especies) sea bueno o sano o natural y que lo que se opone a ellos o los dificulta, sea malo o enfermo o antinatural.
Así como las tuercas por numerosas y poderosas y chillonas que sean no conseguirán jamás sostener una estantería ellas solas, y los tornillos por más pancartas que erijan y más marchas del orgullo del tornillo enamorado que protagonicen no podrán evitar que pensemos en lo bien que les vendría una tuerca a tanto tornillo desorientado (e inútil, por lo estéril) que anda por ahí…
¿Así que las cosas son buenas porque la ley las permite?
¿Así que las cosas son malas porque la ley las condena?
Bien por ti, vas bien encaminado.
Los romanos se divertían a expensas de tipos que tenían que luchar contra las fieras para no morir engullidos o contra tíos de dos metros de ancho por otros tantos de alto y conseguir sobrevivir hasta la siguiente función, si tenían suerte y el emperador apuntaba con el pulgar hacia arriba…Esto era legal y divertidísimo en Roma, hace 2000 años.
También en Varsovia fue legal hacinar a seres humanos en barrios (conocidos más tarde como “ghettos”) cuyo perímetro estaba cercado, vigilado y administrado por otros seres (un poco menos) humanos armados y con la ley en la mano. Incluso era legal quedarse con sus propiedades, enviarlos de viaje (de ida, únicamente) ponerlos a trabajar sin el mínimo interprofesional, y hacer con sus cabellos colchones baratos.
Los hombres de color distinto del blanco fueron legalmente sometidos a la esclavitud en muchos países e incluso en algunos de ellos no podían mear en los mismos baños que sus compatriotas con menos melanina en la dermis. Muy legal.
Legal fue en Argentina que el gobierno decidiera quedarse con los ahorros de una multitud, para defender no se qué intereses de las “desprotegidas” entidades financieras…pero los que lo decidieron sí que lo sabían. Los autores de la ley, quiero decir.
Legal es, en algunos estados de USA, enviar a ciertos delincuentes al tratamiento eficaz de la inyección letal y este tratamiento recae generalmente no en los más peligrosos sino en los que menos dinero tienen.
Legal es en algunos países casar a niñas de diez u once años con tíos barbudos de muy largas y muy maduras cuatro décadas. Ilegal es para ellas poner el grito en el cielo ni en ningún otro lugar.
Miguelito Jackson fue legalmente absuelto de dos acusaciones bastante firmes de pederastia, pero como el hombre tenía el suficiente combustible movilizador de jueces, la ley se quedó en suspenso en lo que al él concernía…(resulta oportuno recordar que Miguelito no era sacerdote católico y sin embargo era pederasta…¡qué raro!)
Ahora es legal en este país (Hispania) asesinar a los seres humanos que no han tenido la sensatez de atravesar el canal de parto con la necesaria premura. Y/o que incumplen el deber cívico de haber sido concebidos con amor (¡antisociales!) y/o de ser “no-deseados” (¡villanos!) y/o de provocar una sombra de stress en las mentes vacías de sus bobaliconas madres (¡desalmados!). La “evolución” todavía no “evoluciona” a los humanos en vías de nacer para que alcancen la velocidad suficiente y eviten que otros seres no tan humanos, con la ley en la mano, les cacen antes de que consigan escapar a los lapsos impuestos por los sabios que ocupan las cámaras altas y bajas, y dependiendo de para donde apunten sus pulgares otra vez.
Legal es para ciertas clínicas acumular muchos billetes de euro (unos 40 millones por año en España solamente) gracias al simple procedimiento de convertir en picadillo a ese ”grupo-de- células- todavía-no-humanas” según el parecer de nuestra Ministra de Soluciones Drásticas, doña Bibi Aído.
Este simple hecho de acumular billetes hace que puedan comprar cada vez más leyes y ser cada vez más “legales”.
Los presidentes, esos seres tan tristemente graciosos o cómicamente tristes, en la mayoría de los casos, deciden sobre el hambre, el trabajo, el presente, el futuro, la vida, la muerte y la infelicidad de una multitud de otros seres humanos sobre los que reinan e imponen tiránicamente sus criterios y los de sus amigos más próximos, gracias a unos papelitos que un grupo de personas relativamente numeroso ha introducido en una cajitas de cartón o cristal o plástico, según el “desarrollo” o la miseria del país en cuestión. Y este simple ejercicio tan idolatrado por casi todo el mundo es el que determina quien vive, quien muere, quien puede nacer y quien se queda con la mayor parte del pastel.
¡A qué cimas de sabiduría ha llegado la raza humana! Y esto es legal, es decir, constitucional, es decir, está bien, es decir, según tu opinión: es bueno.
Vaya una ética…una lástima que Kant no te haya conocido, le hubieras ahorrado muchos quebraderos de cabeza….
Gonzalo Agustín Roldán, dogmático & retrogrado, como Dios manda.