Descubramos la profunda bondad de Dios en los mandamientos, el amor que conduce nuestro natural extravío, nos guía en nuestra ceguera, nos protege de nosotros mismos. El Dios de Amor que nos protege de nuestras miserias y egoísmos, de nuestras pasiones y emociones, a las que fácilmente nos esclavizamos. Nos protege y nos salva de nuestros “amores” desordenados, de la tiranía de nuestro cuerpo, del sinsentido de nuestras “brillantes” ideas, que son el reflejo de nuestros corazones solitarios, egoístas, orgullosos…
y cambiamos la vida eterna por un poco de guiso en la panza y una caricia que no sea o que no parezca puro egoísmo. Mendigamos amor, y sucumbimos a las pasiones propias y ajenas. Mendigamos eternidad y nos hiere el alma un simple aparato que funciona a control remoto. Vivimos derrotados por lo que “no podemos dejar de hacer”, frustrados por lo que no podemos dejar de decir, aniquilados por lo que no podemos dejar de consumir: somos esclavos. Buscamos y buscamos y caemos en cien abismos y nos preguntamos ¿Dónde fue que me equivoqué?...
No hay comentarios:
Publicar un comentario